lunes, 2 de septiembre de 2013

Primera semana

Hoy hará una semana desde que llegué aquí. Ha sido una semana ajetreada: he ido a la playa, al lago, de compras, a ver mi futuro instituto, he conocido a mucha gente, he hablado inglés (o al menos lo he intentado) y he encontrado gente con la que hablar español, algo que parecía imposible aquí, en Michigan.
Mis hábitos alimenticios están cambiando y tendrán que acostumbrarse a la comida rápida y a la escasez de buen pescado y marisco. Ha sido una semana impresionante, pero he de decir que no sería lo mismo sin ese grandioso invento de la humanidad al que llaman Skype y sin mi querido Whatsapp. Porque, a pesar de haber hecho tantas cosas, me he sentido sola. Mi familia americana tiene que trabajar y he pasado bastante tiempo en esta gran casa acompañada únicamente por un perro, pero todo se hizo más ameno gracias al contacto con mis amigos y familiares de España. Sin ellos probablemente me habría vuelto loca o me habría deprimido, pero sus palabras me han servido de apoyo y de impulso para seguir aprovechando este año lo máximo posible.
Este miércoles empezaré el instituto. Será difícil encajar allí, hablando un idioma distinto y viniendo de la otra punta del mundo. Será una tarea complicada encontrar las clases, abrir la taquilla, no perderme, entender a la primera lo que me vayan explicando... pero habrá que intentar llevarlo lo mejor posible y no asustarse, ya que este instituto es como 5 veces mi antiguo instituto y en él estudia gente de todas las alturas, razas, pesos, gustos y niveles y eso es fantástico, puesto que te ayuda a abrir todavía más la mente.
Va a ser duro adaptarse a esta vida: levantarse a las 6 de la mañana, acostarse a las 8, siete clases, comer en el instituto, entrenamientos de actividades varias... Ya empiezo a echar de menos la comida de mi madre; quizá debería plantearme aprender a cocinar para poder preparar los platos que me apetezcan cuando llegue a mi límite con la comida basura.
Todo esto será complicado, pero espero conseguirlo con la ayuda de mi familia americana, que hasta ahora se están portando de maravilla conmigo y hacen que me sienta como una más y que empiece a identificar este lugar como un hogar, un segundo hogar, y a ellas como una segunda familia. Evidentemente todo lo que aquí tengo llevará siempre delante el adjetivo "segundo", pues nunca nada podrá sustituir al original, pero siempre está bien poder construir otra vida, más allá de tu vida inicial, dejar huellas de tu existencia en otro país amigo y seguir madurando y creciendo como persona, rodeada de una cultura distinta, con otro idioma y costumbres.

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